Como conocí a Humberto Centeno

En 1983, estando en el Cerro de Guazapa, un compañero combatiente a quien llamábamos cariñosamente Pichelito, teniendo problemas de salud, amibas específicamente, pidió permiso para visitar su familia en Cojutepeque, donde vivía su familia. Ya habíamos intentado ayudarlo con el servicio médico que teníamos, pero la recomendación de los médicos era que saliera a recibir tratamiento en la ciudad. Así que el mando de Guazapa decidió que Pichelito saliera por un tiempo razonable para su tratamiento de salud. Pichelito regresó a los tres o cuatro meses ya recuperado y entre otras contó que en Cojutepeque había una estructura organizada que buscaba contactar con las fuerza guerrilleras para sumarse a la lucha patriótica contra la dictadura militar.En ese momento Sarita (Compañera obrera, con liderazgo en el movimiento sindical de la empresa donde trabajaba, en 1981, era perseguida por las fuerzas represivas del gobierno de ese momento, por lo que decidió irse a la montaña, en concreto a Guazapa) estaba por salir del frente por razones de salud y para cumplir otras tareas que el mando le había encomendado. Pensamos que era bueno aprovechar que contactara esa estructura para integrarla a la lucha revolucionaria. Sarita fue muy diligente y contacto muy pronto con la estructura. Su jefe era Humberto Centeno y le comento que habían estado organizándose esperando contactar a las fuerzas revolucionarias. Orientamos a Sarita para que Humberto contactara a la estructura del frente metropolitano, uno de cuyos miembros era el compañero Rodrigo (Tito Bazan) quien lo contacto y juramento como miembro del Partido Comunista de El Salvador. A partir de ese momento Humberto y toda esa estructura se integraron a las Fuerzas Armadas de Liberación FAL, brazo armado del Partido. Humberto siguió su vida dedicada a la lucha como sindicalista, y contribuyo enormemente a esfuerzo de formar la Unión Nacional de los Trabajadores Salvadoreños, UNTS, importantisimo logro para la clase trabajadora del país, en tiempos en que los Estados Unidos aplicaba la política de persecución del movimiento sindical comprometido con la lucha política, conscientes de que el pueblo salvadoreño necesitaba sindicatos fuertes, revolucionarios y unidos. Sus hijos también se incorporaron a la lucha.

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